Si alguien aspira a un arte sobrio y se interesa por grandes temas,
empiece por adaptar su vida a la estricta norma de la austeridad.
No le importe el palacio insolente con su altiva mirada,
ni vaya tras los déspotas como cliente a la caza de una cena;
no se entregue al vicio ni ahogue en vino el calor de su inspiración;
no vaya al teatro contratado para aplaudir de oficio a los artistas.
Pero si a uno le sonríe la ciudadela de Minerva en armas
o la tierra habitada por el colono Lacedemonio
o la mansión de las sirenas,
encontes consagre a la poesía sus primeros años,
beba a pleno pulmón en la fuente Meonia.
Luego, saturado ya de la socrática grey,
dé rienda suelta a su libertad y blanda las armas del gran Demóstones.
Que entonces te envuelva el destacamento romano,
el cual, liberado del acento griego,
infundirá a tus palabras la savia de una nueva inspiración.
Dejando el foro, corra a veces tu pluma sobre la plana
para cantar la fortuna con sus característicos vaivenes.
Sírvante de alimento las guerras cantadas en tono heroíco
y no pierdas de vista la impresionante sonoridad del indomable Cicerón.
Pertrecha tu mente con todas esas virtudes;
y, entonces, saciado en dilatada corriente,
brotarán de tu pecho palabras dignas de las Musas.
Petronio. S.I
No tiene más definición.
martes, 10 de junio de 2008
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